
"Si tú eres capaz de temblar de indignación ante cualquier injusticia, somos compañeros" Che Guevara.
"C'est parfaitement, absolument, sans espoir de donner ainsi du front contre les murs de notre cage" Ludwig Witgenstein, Conférence sur l'éthique.
"Et bien je dois dire, quant à moi, que c'est par dégoût de ce langage que j'en suis venu à écrire. Il s'agira donc pour moi, pour pouvoir vivre, de modifier ce langage" Francis Ponge, Entretiens de Francis Ponge avec Philippe Sollers.
"Alors je décris, par rage froide, parce qu'il faut bien faire quelque chose, prendre quelque pose, sous peine de mort ou de folie immédiates (ou à brève échéance)." Francis Ponge, Proêmes.
Sigo con el relato fantástico en primera persona. Para entenderlo, hay que leer la primera entrada de este blog, conditio sine qua non de todo lo que aquí el autor, que no tiene por qué ser el titular de este blog, crea que pueda escribir. Ésto vale para todas las entradas de este Blog. Pues no vivimos en un Estado de Derecho. Ni existe la tan cacareada libertad de expresión sino para permitir a los cretinos que sigan diciendo tonterías. La Inquisición ha tomado otras máscaras y sobre todo otras togas. Por tanto, esto no es más que un relato imaginario. Nada más lejos de la realidad. Dicho y escrito queda.
He sufrido en mi carne la experiencia de la injusticia demasiadas veces y me he sentido engañado en mi integridad y mi dignidad, encerrado en una posición de estigmatización en este sistema "democrático" donde todo se reduce a un proceso electoral de animales de la granja de Orwell. Al final los cerdos acaban tomando el poder y con ellos la gripe porcina. Se celebran muchos eventos y en eso queda todo: en actos de verborrea incesante y celebraciones desconectadas de la realidad, de lo real, esquizofrénicas, autistas. Más justicia, más trabajo para todos. Y no: mucho trabajo para unos pocos esclavos. Menos discursos. Un hecho vale más que mil discursos. Hagamos cosas.

A pesar de estas lamentables experiencias, soy realista y desde mi experiencia de lo real, soy optimista porque interpreto estas vivencias como una experiencia de la conciencia en el sentido hegeliano del término, dialécticamente como medio de acceder a un saber superior. Y de ahí un sentimiento de felicidad existencial, filosófica, profunda, ética de armonía con la verdad, la justicia y la divinidad.
La Injusticia
La Biblia es un consuelo para quien sienta esa rabia contra la injusticia, porque esos mismos jueces débiles, inicuos y corruptos han existido siempre:
"El amor no se alegra de las injusticias, sino de la verdad"(1 Corintios 13:6).
Estamos atestados de injusticias; los más fuertes apabullan y atropellan a los débiles y les niegan sus derechos. El pez chico en el mar es como el pobre en la tierra, a quien siempre lo come el más "gordo". Una vieja sentencia árabe nos resume la experiencia de los siglos así: "Unos pescan y otros se comen el pez". ¡Cuánta injusticia nos presenta esta frase trivial! Cuando hayamos dado con el modo eficaz de que, el mismo que pesca sea quien se coma el pez, habremos realizado la mayor de las reformas.
Hay injusticia en los hogares, en los campos, en las iglesias y hasta en los mismos tribunales. Por todas partes predomina la ley del más fuerte como en la selva. La justicia de algunos jueces es como la telaraña: sólo las moscas pequeñas quedan atrapadas. Los que crearon las leyes para que la justicia impere en el mundo, llorarían hoy, si volvieran a la vida; al ver que estas leyes se convirtieron en cadenas y un despojo al débil, con el consentimiento de algunos jueces. Es grande y terrible la tragedia de un pueblo cuando los jueces, son venales y corrompidos y juzgan con parcialidad. Cuando los jueces "andan en oscuridad -dice la Biblia-, tiemblan todos los cimientos de la tierra".
Por todas partes, en lugar de justicia vemos astucia y viveza, en vez de juicio imparcial se pone en evidencia la voluntad arbitraria. Que tristeza: ¡La justicia se quitó la venda imparcial de los ojos para ponérsela en la herida!
La injusticia nació por generación espontánea; la justicia hubo que crearla. La injusticia con todos sus apellidos sociales, racismo, discriminación, abusos, explotación, es característica en todas las culturas y sociedades. Así lo denuncia el profeta Isaías:
"El derecho se retiró y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho".
La justicia camina tan despacio que envejece por el camino. Cuando llega nadie la reconoce porque llega convertida en injusticia. La justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.
Los hombres se deleitan estableciendo leyes; sin embargo, se deleitan más aún quebrantándolas como esos niños que, jugando junto al mar, construyen con gran aplicación sus castillos de arena para luego destruirlos entre risas.
Esa falta de justicia ha llevado a la gente a inventarse una duplicidad de normas, algo así como privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, como una de ley del embudo: "Yo llevo las de ganar y tu las de perder.
"El amor no se alegra de las injusticias, sino de la verdad"(1 Corintios 13:6).
Estamos atestados de injusticias; los más fuertes apabullan y atropellan a los débiles y les niegan sus derechos. El pez chico en el mar es como el pobre en la tierra, a quien siempre lo come el más "gordo". Una vieja sentencia árabe nos resume la experiencia de los siglos así: "Unos pescan y otros se comen el pez". ¡Cuánta injusticia nos presenta esta frase trivial! Cuando hayamos dado con el modo eficaz de que, el mismo que pesca sea quien se coma el pez, habremos realizado la mayor de las reformas.
Hay injusticia en los hogares, en los campos, en las iglesias y hasta en los mismos tribunales. Por todas partes predomina la ley del más fuerte como en la selva. La justicia de algunos jueces es como la telaraña: sólo las moscas pequeñas quedan atrapadas. Los que crearon las leyes para que la justicia impere en el mundo, llorarían hoy, si volvieran a la vida; al ver que estas leyes se convirtieron en cadenas y un despojo al débil, con el consentimiento de algunos jueces. Es grande y terrible la tragedia de un pueblo cuando los jueces, son venales y corrompidos y juzgan con parcialidad. Cuando los jueces "andan en oscuridad -dice la Biblia-, tiemblan todos los cimientos de la tierra".
Por todas partes, en lugar de justicia vemos astucia y viveza, en vez de juicio imparcial se pone en evidencia la voluntad arbitraria. Que tristeza: ¡La justicia se quitó la venda imparcial de los ojos para ponérsela en la herida!
La injusticia nació por generación espontánea; la justicia hubo que crearla. La injusticia con todos sus apellidos sociales, racismo, discriminación, abusos, explotación, es característica en todas las culturas y sociedades. Así lo denuncia el profeta Isaías:
"El derecho se retiró y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho".
La justicia camina tan despacio que envejece por el camino. Cuando llega nadie la reconoce porque llega convertida en injusticia. La justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.
Los hombres se deleitan estableciendo leyes; sin embargo, se deleitan más aún quebrantándolas como esos niños que, jugando junto al mar, construyen con gran aplicación sus castillos de arena para luego destruirlos entre risas.
Esa falta de justicia ha llevado a la gente a inventarse una duplicidad de normas, algo así como privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, como una de ley del embudo: "Yo llevo las de ganar y tu las de perder.
"Los delincuentes hacen menos mal que un mal juez,un juez inicuo es peor que un verdugo".

